Sellado en la sangre, Dropkick Murphys en Chile

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Los alrededores de Kmasú Premiere se poblaron lentamente de camisetas con tréboles serigrafiados, del inconfundible aroma a cerveza y de unas cuantas cabezas rapadas, todo como anticipo de lo que sería la presentación de Dropkick Murphys en Chile. Tras el procedimiento habitual de ingreso, el recinto se fue colmando gradualmente hasta llegar al punto de no-retorno: A las 20:27 PM las luces bajaron y los impacientes bramidos del público se fundieron con una extensa tonada introductoria, el combo de Boston entraba a escena a beberse la euforia capitalina.



De “Signed and Sealed in Blood”, última placa de la banda, “The Boys Are Back” fue la seleccionada para dar comienzo al coro desenfrenado que se repetiría durante toda la jornada. Tras “The State of Massachusetts” y sin pausa intermedia, se reprodujo “Johnny, I hardly knew ya’”, tonada folclórica irlandesa, re versionada e incluida en “The Meanest of Life”, sexto disco de los Murphys.

La identidad cultural de la banda se materializa con la inclusión de los instrumentos tradicionales, elemento que provocaba curiosidad al momento de la interpretación en vivo. Los matices que otorgan el bouzouki irlandés, el acordeón y por supuesto, la gaita, permanecen intactos, aunque palidecen en algunos pasajes producto de la saturación tras la amplificación de la guitarra eléctrica.

El himno “Rose Tattoo” fue coreado con énfasis por aquel muro de sudor en que se había convertido la cancha, una hermandad unida disfrutando un debut que tardó demasiado tiempo. “I’m shipping up to Boston” acabó con ciertos esquemas, mientras uno de los guardias rompió su formalidad y voló sobre el público en un memorable stage diving, el resto de los presentes se comprimía contra la barricada para estrechar la mano de Al Barr y Ken Casey. La primera parte del show terminaba, dejando a los presentes insatisfechos, exigiendo un poco más de descontrol.



Tras algunos minutos de espera la fiesta volvió. Dejando atrás a un “notero punk”, por cuya frente no corría ninguna gota de sudor, el pit retomó su agresividad. La introducción de “Kiss me, I’m shitfaced” fue la señal para que las féminas presentes cumplieran su sueño: seguridad abre la reja que divide la cancha del escenario, dando pie a que pudiesen acompañar a Dropkick Murphys en sus últimas interpretaciones. De la coquetería de cantar a todo pulmón abrazadas a los integrantes, pasaron a un mosh improvisado sobre el empalizado, acción que alentó al resto de los presentes a unirse a la fiesta.

Skinhead on the MBTA” fue la invitación para que los varones se sumaran al espectáculo, una avalancha humana saltó la barrera e inundó los pocos espacios vacíos del escenario. El Cover de AC/DC T.N.T. y Alcohol finiquitaron una jornada marcada por la alegría y la euforia.



A pesar de la mala interpretación de algunos fans de cabeza hueca que extendieron sus brazos imitando torpemente un saludo ario en un par de ocasiones (provocando con esto algunos roces incomodos), el ambiente de juerga predominó. Dropkick Murphys demostró su capacidad escénica resumiendo en una hora y media de presentación, 18 años de carrera de manera impecable.

Una solitaria bandera chilena se desplegó por unos segundos sobre el escenario. Ningún tipo de acción violenta fue necesaria, sólo bastó un poco de música para que quedara hundida y olvidada en medio de la nada. Como debe ser.

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