Tour Blog de The Reaktion: Semana 9, Principio de Ritmo

Untitled-1

Los chicos de The Reaktion emprendieron una extensa gira por Estados Unidos, viaje que los llevará por más de 60 ciudades del país del norte. A continuación dejamos el diario de tour que publicarán de manera semanal, narrando desde su perspectiva las diferentes situaciones vividas en su recorrido.



Tour Blog de The Reaktion: Semana 9, Principio de Ritmo

Podría ser por mi “condición” de bajista, o quizás el tocar bajo sea una consecuencia de ello, pero siempre estoy pendiente del ritmo de todas las cosas. Ahora en las junturas de la carretera mientras pasan debajo de la van, hace 15 años los sets de olas en La Serena mientras aprendo a hacer bodyboard. Maravillándome con la complejidad de la batería del Destroy Erase Improve cuando lo escuché por primera vez, y luego llorando de emoción con la simplicidad del cuatro cuartos del corazón de la Julie en la primera ecografía que nos hicimos con la Ally. Las conversaciones y las discusiones tienen un ritmo. Nos peleamos, nos herimos, perdonamos y nos reconciliamos. Las generaciones tienen su propio ritmo, las ciudades, las comunidades en las que nos involucramos. Y nosotros por consiguiente siempre estamos entrando y saliendo del baile, del círculo rítmico que nos toque participar.

Ya estamos en el último compás de esta canción. Solo quedan cuatro tiempos y se cierra esta etapa, y la rutina de viajar-montar-tocar-viajar-dormir se termina por lo menos hasta la próxima. Todas las bandas del Art of Fury sabemos que podría ser la última vez que andamos de gira juntos, pero nadie lo dice. De hecho todos evitamos hablar del tema, o hacemos planes que podrían suceder si es que andamos juntos de nuevo, pero sabemos que hay muchos factores que no están en nuestro control para que ello suceda. Por eso estiramos el chicle, y hasta el último día guardamos las emociones de cierre, pero aprovechamos cada momento a concho.

11868799_10153070702136027_1680794208_nAsí el primer día de esta semana nos encuentra en Austin, Texas, ciudad donde si han tocado muchos chilenos porque aquí se hace el festival showcase South by Southwest (SXSW), el predilecto de toda la nueva camada de bandas chilenas hipster y de los jueces que deciden a que proyectos darle lucas en el Ventanilla Abierta del Consejo de Cultura. El SXSW se realiza en un barrio que se parece a un Bellavista, pero donde uno de cada dos locales tiene música en vivo todas las noches. Así en el festival todos los locales se ponen de acuerdo y hay bandas tocando todo el día a toda hora, y se supone que hay productores, managers, y personajes de la maquinaria discográfica mirando que hay de nuevo en la música. Hoy para nosotros no hay ni festival ni estrellas de la industria. Hay gente que viene a ver bandas de rock y dejarlo todo en el mosh. Gente de verdad. El Empire Control Room tiene un escenario y sonido buenos, pero lo más la raja es que tienen proyector y tres pantallas juntas detrás de los músicos, por lo que por primera vez en la gira completa podemos ocupar las visuales que hizo el Leo. Creo que de todas las bandas locales que vi, exceptuando Nueva York, las bandas de Austin son las que más me sorprendieron. Originales, súper bien afatadas y con muchísima energía en el escenario. Nuestro show sonó y se vio impresionante con las visuales (por fin!), Downfall 2012 impecables nuevamente y Otep terminó de rematar lo que sería un show redondito. A la salida nos fuimos a la esquina a comer unos shawarmas y tiramos la talla con Boo, que estaba con unos copetes de más y por lo tanto mucho más gritón que de costumbre. El calor nunca bajó, partimos a la carretera y dormimos debajo de un arbolito en una parada de descanso. El Diego medio dormido a las 4 de la mañana despierta y pregunta si hay osos en la cercanía. De verdad creía que lo había dicho de broma hasta que lo pregunta de nuevo. Lo tranquilizo diciéndole que si hay osos, se comerán al Ikaro primero que está más cerca de la puerta.

Al día siguiente despertamos sin novedad (y sin ataques de osos afortunadamente) y seguimos camino hasta una parada de camiones para ducharnos. En el servicentro mientras esperábamos nuestros turnos en la ducha, vitrineamos las poleras y recuerdos que vendían y nos dimos cuenta que estábamos en el corazón del nicho republicano de Estados Unidos. Poleras donde literalmente se conjugaban el amor por dios, la bandera americana y por las armas. Por todos lados el lema “América para los americanos” olvidando que 1. América es un continente, no un país, y 2. Que los primeros “americanos” en realidad fueron inmigrantes, usurparon las tierras de miles de aborígenes, los masacraron y confinaron a reservaciones contra su voluntad. Pero ese es el ritmo de Texas y también el ritmo de Estados Unidos, un ir y venir entre republicanos y demócratas, sin darse cuenta que son exactamente lo mismo, dos puertas que van al mismo matadero.

11881013_10153070701836027_473962807_nEse día tocamos en el Trees de Dallas, un local donde tenían enmarcadas a todas las bandas que habían hecho un “Sold Out” alguna vez. Por ahí vi a Deftones, a Misfits, a Orgy, entre otros. El show estuvo de pelos, casi me saqué la cresta por pararme con una pata en la reja y una en el escenario, pero lo que más me quedó de esa noche fue lo que pasó después, cuando estábamos cargando el trailer. Resulta que al frente, al mismo tiempo que tocábamos nosotros, había un festival de ska con bandas locales y algunas toureando. Justo cuando nosotros salimos a guardar nuestras cosas en el local abren unas mamparas que dan a la calle y dejan que todos los que estén afuera escuchen y vean a la banda que está tocando. En vez de cerrar y bajarle el volumen, resulta que tienen el permiso de meter más bulla para invitar a la gente que está afuera a disfrutar. Yo ni tonto ni perezoso termino de ordenar las cosas y cruzo la calle para ver a una banda de 7 integrantes que cierra su show con “On my Radio” de The Selecter. Bailando como mono en una fiesta perdida.

The Korova en San Antonio es un bar temático de Kubrick, con posters de todas sus películas y frases célebres de sus personajes escritas en las sillas. La ciudad por otro lado es todo un hito en la historia de Estados Unidos. Tienen acá su propia versión de “300”, con un puñado de soldados gringos defendiendo el fuerte “El Alamo” durante la guerra de la independencia contra miles de Mexicanos que terminaron masacrándolos (los gringos luego se vengarían volviendo con muchos soldados más y tomando hasta El Paso). Ese mismo “Alamo” que Ozzy meó en 1982, un par de semanas después de que yo nací. El día después llegamos a Houston, el hogar de nuestros panas de Downfall 2012. Estaban tan orgullosos de tenernos allá, todas sus familias y amigos fueron ese día y repletaron el lugar. Fue muy bakan tocar para gente tan cariñosa y apasionada. Incluso tuvimos que casi parar una canción porque a un loco se le pasó la mano con lo apasionado que estaba en el mosh. Pero todo bien. Lamentablemente, yo esperaba que algo malo sucediera esa noche, alguna pifia del sonidista, que el Leo se echara un parche, cualquier cosa con tal de poder decir justificadamente “Houston, tenemos un problema”. Pero no. Todo salió bien. Hasta me saqué una foto con una iguana cariñosa.

Los próximos dos shows, justo antes del último show de la gira en Las Vegas, tuvieron especial significado para mi. Me sirvieron para definir bien lo que sentí del público norteamericano en general durante todo este tiempo. El primero fue en Amarillo, en un local muy a mal traer, con mal sonido, en un domingo con poca gente, donde todo pintaba para ser una mala experiencia. Comenzamos a tocar y justo a mi lado del escenario llega una chica con una polera hippie corriendo y se vacila todos los temas como si fuéramos su banda favorita de todos los tiempos. El show estuvo bueno aunque no sonó tan bien, pero ella estaba cada vez más entusiasmada. Al terminar de tocar se nos acerca y resulta que ella había escuchado de nosotros el 2011, había bajado nuestros demos, y no tenía idea que hoy tocaríamos. Estaba afuera cuando reconoce uno de los temas, entra, y se encuentra con la sorpresa. En su voz se notaba lo feliz que estaba de vernos, y en cierta manera resumió lo que creo provocamos en varias personas durante la gira. Muchos nos comentaron que iban a ver a Otep sin ninguna expectativa de las otras bandas, pero se llevaban una grata sorpresa al vernos. Si hay algo que creo todas las bandas deberían apuntar es a eso, a asombrar a la gente.

11911717_10153070701711027_1896516126_n

El próximo show fue en Farmington, un pueblo en las montañas antes de bajar al desierto de Nevada. En Farmington había una población Navajo importante, de hecho casi todos los asistentes ese día lo eran, así como también las bandas que ese día tocaron. Todas las bandas tenían un discurso fuerte, dos metaleras y una hip hop, sobre la reivindicación de sus culturas, sobre la corrupción de los medios, y sobre la creación de un nuevo sistema que respetara al individuo y su comunidad por sobre el dinero. Creo que fue la primera vez durante toda la gira donde escuché estos mensajes. Hablando con los integrantes de una de estas bandas después compartimos lo que había sucedido con los Selknam, lo que ocurría hoy con los Mapuche, y la similitud con su historia era increíble. Conversamos también sobre la falta de compromiso con la causa de los músicos hoy en día, y el letargo de la industria musical en general respecto a tocar los temas que fueron bandera de lucha de tantas bandas. Creo que esa fuerza en el mensaje es lo que se ha perdido en Estados Unidos. Los Public Enemy, los Rage Against the Machine, los Bob Dylan ya no existen y más nos encontramos con bandas que solo hablan de sí mismas. Sin embargo, el público gringo se nota que está esperando despertar, está buscando que renazcan de las cenizas quienes sin miedo verbalicen el sentimiento general de descontento social que existe después de tantas mentiras y muertes. Fue bueno estar ahí ese día, me llenó de esperanza respecto a lo que podría pasar en el futuro de Estados Unidos y en el futuro de la música a nivel mundial. Me parece que la gente empieza a despertar, empieza a retomar el ritmo de sus vidas.

11910717_10153070701751027_907947523_nAsí, después de una ducha de consecuencia y sentido llegamos a nuestro último show y el final de esta gira en Las Vegas, cuna de la banalidad y de la cultura basura. El altar al hedonismo y el despilfarro. Y a pesar de todo, una ciudad a la que le tendría mucho cariño porque aquí nos despedimos de grandes amigos que hicimos en la ruta. Tocamos esa noche en el Hard Rock Hotel & Casino. Como todos los Hard Rock Café alrededor del mundo, lleno de recuerdos de las grandes estrellas del rock de todos los tiempos: pedazos de una guitarra de Pete Townshend, el traje de Marylin Manson, la batería de The Rev, un poster de la primera tocata de Sublime. A pesar de lo que me imaginé por lo ajetreada que es la ciudad, cargar, descargar y estacionar fue súper fácil, y teníamos todo montado temprano, lo que nos dio tiempo para jugar unas fichitas, comer algo, ducharnos y dar vueltas por el casino. Ari de Otep nos entregó unas tarjetas que nos daban derecho a comer en el casino de los empleados del hotel, y lo aprovechamos demasiado. Creo que fui 3 veces solo en la tarde (en gira te la das de camello, si hay comida gratis aprovechas y te llenas para más tarde cuando no hubiera). Llegó la hora del show y el buen Murphy se las arregló para llegar.

Las expectativas que uno se hace de lo que sería el último show de la gira, en un local como el Vynil del Hard Rock Hotel, y con uno de los mejores escenario y sistema de sonido, es muy alto. Y todo se desplomó con quizás el peor de los sonidistas de la gira completa. Nunca se escuchó el Simón, las maquinas subían y bajaban, el tipo tenía todo agudo y chirriando. Pero eso no impidió que lo diéramos todo en el último show, aprovechando la energía para tirarle varias chuchadas desde el escenario (a lo que Boo de Downfall después me dijo “nunca te había visto enojado, te ves sexy”), y para que después el Simón le dijera al sonidista con toda la calma del mundo que había hecho un trabajo horrible y le llegara tanto con sus comentarios que terminó virándose de la tocata. Así también, a pesar de todo, el ánimo de todos estaba a tope: lo habíamos logrado. Llegamos todos en una pieza a pesar de las tormentas, de los atropellos de venados, de las panas de generador y tráiler, de las peleas y los desencuentros. Estábamos orgullosos y cuando nos fuimos a caminar por el “strip”, la calle donde están todos los casinos, nos sentíamos grandes. La amistad nos hacía más grandes, el haber compartido alegrías y penas en el camino. El saber también que esta gira había construido fuertes lazos entre nosotros. Pero por sobre todo, el entender los cambios que cada uno había experimentado internamente junto con las certezas y aprendizajes que todo nos dejó.

Al final de cuentas, entender de qué se trata el rock & roll. Para todos puede ser algo distinto, pero con esto aprendí que el rock es camaradería, es compartir tu espíritu (a través de la música) con tu tribu. Es prender más encendedores y apagar los celulares en las tocatas. Es volver a escuchar una canción y dejar de ver cuantas visitas tiene su video en internet. Es dejar de anunciar al público que tu banda tiene página de Facebook. Es SER, y DEJAR SER. Es la experiencia por sobre la teoría. Es echarse al camino sin saber lo que vendrá. Crecer con cada nota tocada y cada kilómetro recorrido. Depender en todo de tus camaradas, sabiendo que es lo único que tienes cuando estás a más de 10.000 km de distancia de tu familia. Es aprender a apreciar las cosas importantes en la vida: el amor de los tuyos, la amistad, la sorpresa de nuevas experiencias.

Me vuelvo a creer viejo culiao, pero los dejo con estas cosas que aprendí. Y les agradezco la paciencia de leer estas líneas y compartir un poquito de lo que fue la primera gira de The ReAktion en Estados unidos, que espero haya servido para abrir puertas a la música de nuestra tierra. Jero de Silencio Absoluto dijo hace poco “nuestra movida está desarticulada y muerta”. Y se extrapola del hardcore a toda la música. Necesitamos revivirla. El mundo necesita que la música vuelva a ser relevante, la revolución está esperando que le demos un sountrack, el cambio necesita una melodía y un ritmo.

Philip Monypenny, bajista de The ReAktion.

Sigue a The ReAktion en: Facebook | Twitter | Instagram | SoundCloud.

11910942_10153070701756027_2122677807_n

Written by E. Lara

Editor General en HxcLife.com | Ateo, zurdo, insomne, colon irritable crónico, coleccionista de música. Publico de forma esporádica en mi cuenta twitter @a_blister y en mi blog personal: Stomach Blister-

Comentarios