Review Bring Me The Horizon en Chile

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Nuestra relación con Bring Me the Horzion es tormentosa. Es cosa de analizar el devenir de opiniones en torno a los diferentes giros (y en algunos casos, vueltas de carnero) que ha tenido la banda, como para darse cuenta que nuestra opinión no se ha mantenido fija. La última etapa del trabajo musical de la agrupación marco una división y una simplificación en su estilo (para mayores referencias revisar “Los mejores discos del año 2013” y “los mejores discos del 2015”). Esto a pesar de lo popular que pueda llegar a ser, no siempre representa un avance. Lamentablemente los fans no suelen entender a pesar de tener evidencias irrefutables en frente. Por lo tanto, la única forma en que parecía ser efectivo un análisis los ingleses es nuevamente sobre el escenario. Un ejercicio que realizamos en la primera visita de la banda a nuestro país, obteniendo interesantes resultados.

Con 6 meses de distancia desde la fecha de su lanzamiento, e incontables testeos sobre empalizados de diferentes lugares del mundo, That’s The Spirit finalmente debutaría en nuestro país, para algarabía de los coleccionistas de prendas Drop Dead, unalomes tatuados e incipientes haters de Coldplay. Mismos fans que esperaron estoicos a que transcurrieran las horas y llegara el momento de ingresar al Teatro Caupolicán. Llamaba la atención que varios portaban paraguas, al principio pensé que era una gran herramienta para capear los 32°C que amenazaban con insolaciones, deshidratación y posibles cáncer de piel considerando el exceso de prendas negras. Pero tras hablar con algunos de ellos me explicaron que solo era un accesorio en honor al artwork del último disco, tributo que posiblemente quedó en los tarros de basura de seguridad.

Dentro del teatro la espera se hace corta. Emarosa suena por los parlantes, es probablemente lo más cercano que estaremos de tenerlos en nuestro país. Al ritmo de Jonny Craig y de algunos asistentes que en un acto formidable de desapego a la vida se lanzan desde platea a sector cancha, el lugar se va llenando lentamente.

Los nacionales Chances suben a escena, teniendo un gran recibimiento por parte de los asistentes, cosa que no siempre vemos en shows de estas características. Impresiona lo respetuoso y apañador que se comporta el público, ambiente que Juan Pablo, vocalista, no pierde la oportunidad para agradecer, además de pedir que sigan apoyando la música chilena. A pesar que las primeras tres canciones se desarrollaron con varios problemas de sonido, siendo las guitarras y coros los principales afectados con cortes de audio, el setlist no tuvo mayores inconvenientes y las canciones del EP “Restos Entre Sombras” fueron recepcionados con energía. Entre aplausos, discos  y botellas voladoras la banda deja el escenario tras una presentación de nuevo Hardcore precisa y efectiva.

A las 21:00 hrs en punto las luces se apagan y Bring Me The Horizon es recibido por un mar infinito de celulares en alto. Oliver, a quien en esta oportunidad lo vemos un poco menos apitillado en comparación al 2011, saluda a su público o al menos lo intenta… no debe ser fácil interactuar con tanto dispositivo inteligente. Doomed, la mejor (y una de las únicas en realidad) canción de That’s The Spirit abre el concierto, una decisión inteligente ya que a pesar de no ser potente engancha de inmediato con los presentes. Como segundo acto interpretan Happy Song, canción que generó polémica en algunos sectores musicales debido a su interpretación en vivo. Tras solo segundos del comienzo se pudo comprobar que al igual que en los videos de Youtube que la denuncian, el playback estuvo presente en gran parte de la interpretación.

Dejando de lado el Rock/Pop Alternativo, el quinteto de Sheffield recuerda que hace un par de años lanzaron algo que sonaba bien, llamado Sempiternal. En Go to hell, For Heavens Sake y The House of Wolves, Sykes deja de lado el playback para dar espacio a Jordan Fish, quien cumple la función salvavidas de apoyar en los tonos altos. Los problemas vocales de Oliver son una constante en la carrera de la banda, Chelsea Smile, el único single del Suicide Season a ser interpretado, mantiene aquel inconveniente, disimulado por interacciones con el público. Los seguidores de mayor edad se apoderan de la canción como buenos cómplices, escondiendo con emoción cualquier desperfecto. Un “¿Confían en mí?” llenó de incredulidad a los fans a mitad de la canción. Replicando el Zero Bullshit de Slipknot, Oliver Sykes pide que los asistentes se sienten en el suelo, la mayoría de los seguidores instalados en cancha obedecen e inmediatamente se sientan, pues saben de antemano lo que sucederá. El fin del interludio da la señal para que todo el sector cancha salte a la vez, volviéndolos una masa de descontrol.

En seguidilla, cuan “Takeover: Respect” de NXT, escuchamos Throne, instancia adecuada para notar el trabajo técnico tras el evento. La iluminación, la pantalla con animaciones acorde a la canción, además del humo expedido por los tubos ubicados en el escenario demuestran la preocupación en la puesta en escena, un detalle que siempre es bien recibido. Sempiternal regresa con los singles Shadow Moses y Sleepwalking, siendo la primera fácilmente, la mejor interpretación vocal de Oliver, todo gracias al descanso de sus cuerdas vocales según la progresión del set.

En That’s The Spirit vimos como la banda exploró vetas más alternativas del Rock, llegando incluso a rozar el Pop. Después de la positiva respuesta de True Friends tenemos el mejor ejemplo de lo mencionado. Follow You, que a pesar de alejarse por completo del sonido acostumbrado de la banda, es bien recibida. Los matices y letra romántica a ratos dan la sensación de que fácilmente podría ser el single del cantante Disney de turno. Es interesante lo que este experimento podría llegar a significar en la dirección creativa del sucesor del paraguas. Quien sabe, quizás la mutación de Bring Me The Horizon no está completa y en un futuro próximo los veamos explotar aún más este lado comercial.

Los asistentes comienzan a gritar pidiendo “Pray for Plagues”, a pesar de que todos los presentes sabemos que la canción no es tocada hace mucho. Matt Nicholls se lleva la baqueta al cuello, dando a entender que no se tocará (o que así de mal estaba la garganta de Oliver, quien sabe). Antes de que el público pueda seguir insistiendo Sykes anuncia que la siguiente canción es “Can you feel my heart?”. Desde el público lanzan un par de zapatillas al escenario, Oliver cumpliendo su trabajo de frontman las utilizó para interactuar con la gente, las tomó y ocupó como la batuta de un improvisado director de orquesta, guiando el potente canto de los seguidores presentes.

Desde algunos puntos de cancha siguen insistiendo por “Pray for plagues” a pesar de la primera negativa, Oliver responde formando un corazón con sus manos para distraer a los fans. La marea negra de personas abandona sus celulares y cámaras por unos segundos para responder ese corazón. Es el momento ideal para comenzar Antivist, con mosh pit incluido. Tras una falsa despedida y los infaltables “no nos vamos ni cagando” vuelve Bring Me The Horizon con un premio de consuelo: Blessed With a Curse. Esta es probablemente la única instancia en la que podemos apreciar el virtuosismo de Lee Malia, quien con su solo de guitarra acompaña los “sempiternos” bostezos del notero de Rockaxis apostado en el palco VIP.

Al igual que en That’s The Spirit tuvimos que esperar hasta el final para escuchar Drown, aquel lindo engaño musical cuya esencia esperábamos que nos sorprendiera en su último trabajo. Este se vuelve fácilmente uno de los puntos altos de la noche y una de las canciones más coreadas por los asistentes.

El salvador del debut de la banda en Chile fue el ex guitarrista líder Jona Weinhofen, quien llenando con buenos guturales las imperfecciones vocales de Sykes. Ahora la performance en vivo de este nuevo Bring Me The Horizon gira en torno a intentar encubrir dichas falencias vocales, utilizando a Jordan Fish como un soporte más que necesario, esto además de un setlist escogido con pinzas, hacen que se pueda disfrutar de la presentación a pesar de que ésta en diversos momentos no reúna los estándar de calidad impuestos en la grabación de estudio. Lo que es innegable es la puesta en escena, adquirida por la maduración tras estos años de recorrido, punto a favor que a pesar de la involución musical, les permite seguir liderando carteles al rededor del mundo.

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