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“La aflicción de HxC Life”: The Amity Affliction en Chile

El karma es una perra, según dicen, y tras varios años de sortear casi invictos, le tocó el turno a HxC Life. Miércoles por la noche, el frío de Santiago comenzaba a patear fuera de Discoteque Blondie y ni las humeantes empanadas que nos zampamos para aliviar el vacío en las tripas sirvieron como abrigo. La esperada fecha del debut de The Amity Affliction en Chile había llegado y, tal como invoca el ritual, nos preparábamos para reportear el evento de forma normal. Todo parecía marchar como es costumbre, la pista de Blondie estaba cubierta a un 30% de capacidad, congregando a un alegre público juvenil que durante la espera se entretuvo bailando y cantando canciones de Lady Gaga y Taylor Swift. La estridencia de las guitarras cortó la improvisada fiesta, era la señal de que el show estaba por emprender su marcha, y con eso, nuestra desventura.

The Amity Affliction abre su presentación con la triada “I Bring The Weather With Me”, “Open Letter” y “Lost and Fading”. Los tracks son una fiel representación del sonido que han ido desarrollando en sus 5 discos de estudio: Metalcore juvenil dentro de la corriente del uso, con la configuración típica del desarrollo gutural a lo largo de la canción, adornado con coros melódicos. A pesar de que el género haya desgastado ese recurso hasta el cansancio, la respuesta del público es inmediata, desvaneciendo cualquier atisbo de frío que quedase en el recinto en base a mosh y karate dance.

Ya con la gente en pleno proceso de disfrute, comienzo la tarea de fotografiar. En esta oportunidad (y tal como ha pasado desde hace un tiempo) Blondie no cuenta con división entre el escenario y la barricada, por lo que para obtener registro del show es necesario mezclarse con el público, saltar con el público, sudar con el público. En mi periplo, me encuentro con algunos conocidos que me invitan a sumarme al pit como participante; a pesar de lo tentadora que es esa idea, me integro al tumulto, con el fin de escabullirme entre la gente y obtener una posición privilegiada. Comienzo a capturar las primeras imágenes, todo parece marchar bien.

Never Alone” y “The weight down”, ambas del cuarto disco de los australianos, “Let the Ocean Take Me”, mantienen el espectáculo dentro del tono. Siempre se ha cuestionado la acústica dentro de la discoteque capitalina, sin embargo, en esta oportunidad hubo opiniones mixtas respecto a la calidad de sonido. Si bien en el segmento medio de la pista se escucharon de forma nítida los diferentes matices musicales de la banda, las voces guturales de Joel Birch y las voces melódicas Ahren Stringer (quien estuvo vigilado atentamente en función de su costumbre -al parecer no utilizada en este show- de usar playback) sin que fuesen opacadas en ningún momento por la percusión de Ryan Burt. En otros puntos de Blondie la situación fue diferente, puesto que se perdía la calidad tanto en el rebote del sonido, como en su definición, según comentaron algunos asistentes que permanecieron en las primeras filas.

La iluminación era un punto a favor, le daba una agradable intensidad a los pasajes más emotivos del evento, un detalle importante considerando la costumbre de alumbrar los shows en Blondie con un par de ampolletas de bajo consumo. Obtengo buenas imágenes de la banda, sobre todo de Stringer, quien con su cabellera platinada parecía tener luz propia, como un pequeño sol lleno de tatuajes. Al revisar las fotografías sobre la marcha, noto que en la pantalla de la cámara, en vez de la previsualización acostumbrada, me aparecía cada archivo con un extraño signo de interrogación amarillo. “Que extraño” pensé. Probablemente el halo angelical del bajista había encandilado a la cámara, algo que ya podría revisar más tarde…

El punto más alto de complicidad con el público y, ciertamente, el momento peak del show, viene de la mano de la guitarra acústica de Dan Brown, quien con sus acordes presenta “All Fucked up”, la canción que concentra la ansiedad y la pelea contra la depresión que caracteriza la poética de la banda. De manera espontánea los presentes recrean el segmento final de manera impecable, con brazos en alto apoyan a Stringer en su himno, mientras Birch remata la rabia con su estruendo vocal. Junto a nosotros, una joven se seca las lágrimas del rostro, ahogando sus propios demonios, dejándolos en el olvido durante algunos minutos. Un momento de empatía que versa a favor de la complicidad lírica que la banda logra con sus seguidores.

El fragmento “The truth is i’m all fucked up like you” resonaba demasiado en mi cabeza, sobretodo al descubrir que las fotografías nuevas tampoco tenían previsualización. Algo iba mal, pero aún así seguí tomando fotos de cada instante, estirando la etapa de negación por un tiempo más.

Si bien la entrega del público fue remarcable, esto no se sintió como algo recíproco del todo. “Deaths Hands”, “Some Friends” y “Shine on” fueron un buen campo de análisis para las conductas sobre el escenario. Sí, Ahren Stringer perpetuó su papel de frontman, construyendo el show a punta de humildad, dedicación y carisma, pero esto muchas veces no fue suficiente para combatir a un Joel Birch de piedra, que parecía estar cansado, e incluso ajeno al espectáculo, misma situación pasaba con Kyle Yocum (guitarrista). Los músicos proyectaban una sensación de rutina que costaba dejar de lado; tocar era un trabajo que cumplir, mecánico, pauteado, el que una vez resuelto permitiría marcar tarjeta al bajar el escenario.

Recuerdo todo el daño que ha recibido mi cámara en los últimos años: Una patada en Comeback Kid que la dejó inutilizada por meses; un codazo en Deafheaven que la tiró al suelo, incontables camarazos en la cabeza a algunos colegas impertinentes, otros golpes a hardcoritos picados a artistas del Cirque du Soleil que aterrizaron sobre mí tras dives fallidos. No creo en la suerte, en el Loto ni en la Teletón, pero en esta oportunidad, y como si hubiese esperando el momento exacto, el Tenchu me había caído encima, me las había cobrado en forma de “error de archivo” y no había forma de solucionarlo. En términos sencillos, cagué. No tenía foto alguna del concierto.

El show finaliza con “Fight my Regret”, interpretando solo 10 canciones durante la primera parte, dejando fuera “I Hate Hartley” y “Chasing Ghosts”, tracks que reprodujeron en algunos puntos de la gira latinoamericana. El Encore reglamentario no se hace esperar, tras dos minutos de ausencia la banda regresa a una última avalancha de singles: “Pittsburgh”, “Don’t lean on me” y “This Could be Heartbreak”. Los últimos minutos para grabar con el celular y los últimos empujones en cancha, escoltan el cierre de un breve concierto (considerando la cantidad de discos publicados a la fecha) que se mantuvo dentro de los márgenes correctos de desempeño. Salvo los detalles mencionados, lo de The Amity Affliction se puede considerar como una presentación adecuada. Quizás no llenó las expectativas ante un enjuiciamiento un poco más crítico (o utilizando otros shows del género como comparación), pero sirvió como una forma correcta de defenderse ante su público, la mitad del trabajo que, para muchos, es la que realmente vale.

Llegando a la casa vuelvo a recuperar las esperanzas, recuerdo que hay programas que restauran archivos dañados, así que me pongo en marcha. Si Mia Khalifa pudo recuperar su cuenta Instagram hackeada ¿por qué yo no podía tener algo de suerte? 5 horas más tarde, solo logro recuperar la primera foto que almacenaba la memoria: Un lindo retrato de mi perro en su cama junto a unas chalas negras. Todo estaba perdido, no había vuelta atrás, el Armageddon (uno bueno, sin Ben Affleck). Me quedé un rato meditando frente al notebook, pensando en cuáles eran mis posibilidades. Pensé en si acaso esto le habría pasado a algún conocido que me pudiese asistir y, segundos después, pensé en de cuantos centímetros podría ser la corneta que Transistor nos iba a mandar a guardar.

Sin llegar a ninguna respuesta, miro junto al computador. Un sharpie y una hoja de oficio en blanco me hicieron una seña. Algo se me tendría que ocurrir para arreglar el asunto…

Edgard Lara T.

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Written by E. Lara

Editor General en HxcLife.com | Periodista, Ateo, zurdo, coleccionista de música.

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